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Como padre, naturalmente quiero lo mejor para mi pequeña niña. Para tener éxito en la vida, necesitará por lo menos tres cosas: una mente inquisitiva, una poderosa ética del trabajo y pasión por lo que haga.

Tampoco le vendría mal tener algo que es invalorable para el éxito de un individuo: don de gentes.

Los psicólogos y expertos en desarrollo humano describen el concepto como la capacidad de lograr y mantener relaciones interpersonales positivas con otros seres humanos. Otros lo llaman inteligencia emocional.

Se inicia con la comunicación, dice Joyce Pickering, directora ejecutiva de The Shelton School, en Dallas, que se especializa en enseñar a estudiantes con problemas de aprendizaje. (Conozco el lugar muy bien pues mi esposa solía enseñar allí).

"No se pueden formar relaciones interpersonales buenas a menos que se tenga una buena comunicación verbal y no-verbal", dice Pickering.

Por comunicación no-verbal se refiere al lenguaje corporal. Hay que saber cómo leerlo y cómo leen los demás el de uno.

El don de gentes también puede calificar al tipo de persona que es uno. ¿Le gusta al resto de la gente estar con uno o se van del cuarto cuando uno entra en él? ¿Es uno cortés, bondadoso y sincero? ¿Sabe escuchar a los demás? ¿Es considerado con los sentimientos ajenos?

Hay gente que dice que el don de gentes se adquiere con la educación de la casa, mientras que otros insisten en que el entorno puede moldearlo.

Mi suegra cae en la primera categoría. Sostiene que los padres siempre querrán a sus hijos, pero que la cuestión es criarlos de manera tal que el resto de la gente los quiera.

Parece ser simple. Sin embargo hay muchos individuos que son inteligentes, capaces y exitosos pero no muy agradables.

Algunos han sido candidatos a la presidencia. En las elecciones de 2000, Al Gore no pudo conectarse con los electores de la manera en que Clinton lo hizo. ¿Quién puede olvidar la forma en que Gore, durante uno de los debates, respondió a Bush repetidas veces con un irritante suspiro? Los electores dijeron que ese rasgo les cayó mal.

Compárenlo con el presidente Bush. Incluso los que se pelean con él en asuntos de política gubernamental -Kweisi Mfume, ex presidente de la NAACP, por ejemplo- admiten que el presidente es profundamente agradable. Digan lo que
digan sobre sus políticas, no hay duda de que Bush tiene don de gentes en abundancia.

Lo cual hace más desconcertante que, en lo que respecta algunos de sus candidatos y miembros del gabinete, Bush haya escogido y apoyado, en ocasiones, a individuos que, cómo decirlo, son deficientes socialmente.

El último ejemplo es John R. Bolton, el candidato de Bush para ser embajador en la ONU, cuya votación de confirmación ha sido postergada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado hasta el mes próximo. Nadie duda de la inteligencia, la dedicación y la lealtad de Bolton. Lo que está en duda, sin embargo, es la forma en que el candidato se relaciona con los demás. Es parte de lo que George V. Voinovich, senador republicano por Ohio, denominó "la prueba de la cocina", es decir si a uno le gustaría pasar tiempo con una persona determinada en la cocina de su casa.

Un número de gente contactó a diversos senadores para expresar que Bolton trató de despedir a ciertos individuos, abusó verbalmente de otros y -según la expresión de uno de ellos- "aterrorizó" a los que no hicieron lo que él ordenó.

La última en presentarse ha sido una mujer llamada Lynne Finney, una ex asesora legal de la Organización de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, donde Bolton se desempeñó como abogado a comienzos de los años 80. Finney envió una carta a la senadora Barabara Boxer, demócrata por California, aseverando que Bolton "gritó que yo estaba despedida" cuando ella se negó a aceptar el debilitamiento de las restricciones a la venta de la fórmula para bebés, en países del Tercer Mundo.

Bolton no ha dicho demasiado sobre las denuncias presentadas en su contra.

Gran error. Si puede aclarar el asunto con una simple explicación, debería hacerlo inmediatamente. Pero el primer error lo cometió el gobierno.

La Casa Blanca estaba lista para defender las calificaciones, la experiencia e incluso las críticas pasadas de las Naciones Unidas, de su candidato. Pero quedó totalmente sorprendida por las quejas sobre el temperamento, el juicio y la conducta profesional hacia los demás seres humanos, de Bolton.

Saben, yo hubiera pensado que eso era muy importante. No se puede ser un líder si la gente no lo sigue a uno y ¿por qué querrían los demás seguir a alguien que no les gusta o al que no respetan? Además,también está la naturaleza específica y peculiar del
trabajo que Bolton está buscando: embajador ante las Naciones Unidas. No es poco razonable suponer que alguien que aspira a ser uno de los más altos diplomáticos del país tenga buenos antecedentes en lo referente a su trato con la gente, que demuestren que sabe un par de cosas sobre lo que es ser un diplomático.

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