La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Estoy harto de los eslóganes que aparecen en el debate sobre la inmigración ilegal. Se los oye todo el tiempo en programas de televisión impulsados por los índices de audiencia, como "Lou Dobbs Tonight" de CNN, y se los ve en los carteles de las manifestaciones en la frontera mexicano-estadounidense. Uno de mis favoritos es: "Deporten a todos los ilegales". Saben, gracias al insaciable apetito de mano de obra disponible que demuestran los estadounidenses, hay ahora alrededor de 10 millones de inmigrantes ilegales en este país. ¿Y se supone que debemos deportarlos a todos, uno a uno? ¿De cuántos ómnibus estamos hablando? Las soluciones simplistas no agregan demasiado a la discusión. Son un equivalente de: "Reforma Inmigratoria para Tontos". Ésa fue la trampa en la que cayó el gobernador de California Arnold Schwarzenegger esta semana, cuando explicó en una reunión con directores de periódicos cómo terminaría él con la inmigración ilegal. "Es un asunto federal", dijo Schwarzenegger. "Y lo único que puedo decir y agregar a esto es, realmente, cierren las fronteras. Cierren las fronteras en California y a lo largo de todo México y Estados Unidos". Seamos realistas, Arnold. Estados Unidos no puede, en realidad, cerrar la frontera. Estamos hablando de una distancia como de 2.000 millas entre San Isidro, California y Brownsville, Texas. ¿Cómo "cerraría" usted eso-incluso si deseara hacerlo? El portavoz del gobernador inmediatamente trató de arreglar el asunto, insistiendo en que lo que quería decir Schwarzenegger es que la frontera debería asegurarse, no cerrarse. En una conferencia de prensa al día siguiente de sus comentarios, el gobernador se disculpó por la frase empleada y trató de echarse a atrás. El inmigrante austriaco, para quien el inglés es su segunda lengua, incluso usó el comodín del idioma. "Ayer metí la pata totalmente con las palabras que usé", dijo. "Porque en lugar de cerrar, quise decir asegurar. Creo que quizás mi inglés, yo necesito volver a la escuela y estudiar un poquito". Primero, hay que reconocerle a Schwarzenegger su mérito. Saltó inmediatamente en medio del ruedo. No evitó, ni tergiversó, ni dijo que se habían tomado sus comentarios fuera de contexto. Admitió simplemente haber cometido un error. Es difícil encontrar políticos que hagan eso. Bien hecho. Sólo por diversión, supongamos que podemos cerrar la frontera. No solucionaría nada. Estados Unidos puede enviar un ejército, construir una muralla, o incluso -para el caso- cavar una fosa y llenarla de yacarés. Los estadounidenses pueden hacer todo ello. Hasta podrían sentir que habían logrado algo. Pero estarían sólo engañándose. No solucionaría nada en la medida en que los empleadores estadounidenses continuaran empleando a inmigrantes ilegales. Cuando los empleadores hacen eso, entregan a los inmigrantes el equivalente de una invitación grabada. Y en la medida en que esta invitación siga en pie, los inmigrantes hallarán el camino de llegar aquí, ansiosos por -como le gusta decir al presidente Bush- "los trabajos que los estadounidenses no realizarán". Al enfrentarse con la realidad de tener que alimentar a sus familias, no van a ser disuadidos por una muralla ni por guardias fronterizos. Se zambullirán en un túnel -los del tipo industrial y fortificado que construyen los narcotraficantes para transportar drogas, pero que también alquilan a los contrabandistas de inmigrantes para transportar personas- o en un vapor volandero que los lleve a la orilla. Harán todo lo que sea necesario para llegar a este país, de la misma manera en que lo hicieron olas anteriores de inmigrantes. La respuesta a nuestros problemas de inmigración ilegal no es ni un ejército, ni murallas, ni una amnistía o un programa de trabajadores invitados. Ni los milicianos modernos, esos vigilantes en sillas de jardín, que desafían a las fuerzas del orden y después dicen ser pro-policía. Tampoco lo es la locura de asignar a policías a que hagan cumplir la ley de inmigración federal. Y tampoco lo es la atroz idea de negar la ciudadanía norteamericana a los hijos de inmigrantes ilegales, aun cuando hayan nacido en Estados Unidos. Sólo hay una respuesta -dejen de ser patrioteros y anulen la invitación. Dirijamos nuestros esfuerzos a todo restaurante, hotel, obra en construcción, rancho, granja o complejo de oficinas en Estados Unidos que emplea, a sabiendas, a inmigrantes ilegales en violación de la ley. Observemos también atentamente aquellas empresas que se hacen las bobas y que fingen no saber a quién emplean. Y no se olviden de la gente común y corriente, que se presenta con una camioneta, en una tienda de materiales de construcción, un sábado por la mañana, y se va con el carro lleno de jornaleros, que los ayudarán a construir una terraza o a pintar un cuarto o a plantar un jardín. Por supuesto, todo eso no cabe en un simple eslogan.
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