La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Por ser un mexicano-americano que se entusiasma cuando ve que otros latinos consiguen importantes logros, me siento henchido de orgullo por la increíble odisea de Alberto Gonzales. Ahora que Gonzales se ha convertido en el primer Procurador General latino, ha ganado su lugar en los libros de historia y, sin duda, en los corazones de millones de latinos. Pero dado todo lo que oí durante su confirmación, también estoy preocupado, porque para mí, el trabajo más importante de todo abogado gubernamental es la protección de los derechos y las libertades civiles de los individuos. Ya que Gonzales -en sus respuestas escritas a preguntas del Comité Judicial del Senado- afirmó que Estados Unidos tiene el derecho de detener a la gente indefinidamente, sin acusarla de un delito, y transportarla a países donde se practica la tortura, no parece que el nuevo Procurador General esté de acuerdo conmigo. Pero tampoco estoy de acuerdo con esos de la izquierda que han tratado de pintar a Gonzales como un monstruo. Un lector me escribió: "No comprendo cómo el nombramiento del primer procurador general latino sádico y déspota beneficiará a la comunidad mexicano-americana". ¿Sádico? ¿Déspota? La retórica de ese tipo es exagerada. Gonzales no es un monstruo. Es simplemente un funcionario público que ha cometido algunos errores de juicio. Sus críticos podrían haber dicho eso dejando la cuestión ahí. Pero, en cambio, trataron de hacer parecer que Gonzales era el responsable directo de los funcionarios de inteligencia militar y los lacayos de la Guardia Nacional, que torturaron y humillaron a los prisioneros iraquíes de Abu Ghraib. No lo fue. El hecho de que Gonzales sea latino sólo lo convirtió en un blanco mejor para los demócratas. Deben haberse dado cuenta, para este momento, de que no pueden cruzarse de brazos y no hacer nada, mientras Bush crea un depósito de buena voluntad en la mayor minoría de la nación. Tienen que contraatacar. El nombramiento de Gonzales se suma al depósito. ¿Por qué, si no, Henry Cisneros, demócrata de toda la vida y ex funcionario del Gabinete de Clinton, urgió públicamente a los senadores a que confirmaran a Gonzales? Es parte de la política étnica. No es exactamente nueva en Estados Unidos. Cada vez que este país hace un lugar en la mesa para alguien con las mismas raíces de uno, uno lo siente como si estuvieran haciendo un lugar para uno también. Esa es la razón por la que tantos electores judíos querían votar por una fórmula demócrata que ofreciera a Joe Lieberman como candidato a la vicepresidencia en 2000. Y es otra razón por la que Gonzales lleva una carga tan pesada -no sólo ante el hombre que lo nombró y el país que lo produjo, sino ante la comunidad latina que lo toma como fuente de inspiración. He aquí alguien cuyo recorrido sólo va para mejor: hijo de campesinos, graduado en la Universidad de Rice y en la Escuela de Leyes de Harvard, socio de una de las principales firmas legales de Houston, ex secretario de Estado de Texas, ex juez de la Corte Suprema de Texas, ex abogado de la Casa Blanca y ahora Procurador General. Cualquier puede tomar decisiones malas o cometer errores. Pero Gonzales debe imponerse a sí mismo un estándar más alto y apartarse de todo lo que pudiera manchar su reputación ante los ojos de los latinos y de todos los estadounidenses. Sin embargo casi hizo eso cuando, como abogado de la Casa Blanca, apoyó la idea de darle al gobierno un cheque en blanco después del 11/9 para que hiciera lo que quisiera, a quien quisiera, por tanto tiempo como quisiera, mientras se libra la guerra contra el terrorismo. Un resultado de esa filosofía fue que muchos musulmanes-americanos fueron víctimas de redadas, fueron hostigados, detenidos en forma secreta, abusados en establecimientos de detención federales, sin recibir debido proceso. Algunos incluso fueron declarados "combatientes enemigos", para que el gobierno no tuviera que otorgar los derechos que les pertenecían ya sea bajo la Constitución o las Convenciones de Ginebra. Gonzales nunca debería haber aprobado ese trato. Sin embargo, en sus respuestas escritas al Comité Judicial del Senado, hizo justo eso. Y en su nuevo trabajo, debería reparar las cosas. Quizás se esté preparando para hacerlo. En su primer día en el Departamento de Justicia, dijo a su personal que combatirían el terrorismo "de un modo coherente con nuestros valores". Alberto Gonzales siempre ha sido una persona con espíritu de equipo. Ahora, como el más alto funcionario de seguridad de la nación, necesita ser más que eso. Necesita ser la conciencia del gobierno. Tan a menudo como sea necesario, necesita recordar a sus colegas -y, para el caso al resto del país- que para mantener a Estados Unidos fuerte, debemos proteger nuestras libertades, no erosionarlas. Si lo hace, habrá proporcionado un verdadero servicio público.
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