La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano lavozhispanicnews.com
  lavozhispanicnews.com
lavozhispanicnews.com Mayo 21, 2012,
pixel
 
11px
11px
Búsqueda
web noticias videos fotos
yahoo
11px
11px
 
 
 
Columnas

Comparte esta columna enviar imprimir
interior 12
Digg this   Del.icio.us     Google   NetScape   Furl
tamaño Menos TextoMas Texto

<< Anterior | Siguiente >>

A nadie se le ocurriría pensar que los hombres de mi familia fueron profesionales del cuidado de los niños. Mi abuela dice que mi abuelo nunca cambió un pañal.

Tuvo muchas oportunidades de hacerlo con cinco hijos. El menor -mi padre- hizo lo mismo, según mi madre, cuando sus tres hijos llegaron. Y, supongo, que lo mismo hicieron mis tíos.

Estos hombres no eran perezosos ni improductivos. Eran hombres trabajadores que cubrían todas las necesidades de sus familias. Pertenecían a una época -y,francamente, a un grupo étnico conocido por su machismo- en la que se les enseñaba a los hombres que la mayoría de las tareas del hogar eran "trabajo de mujer", y en él se incluía el cuidado de los hijos.

Bueno, puesto que me he convertido en padre hace sólo 10 días, y he estado muy ocupado alimentando, cambiando, meciendo, acunando y todo el resto, a mi niña, puedo decir que la rama masculina de mis parientes no sabe lo que se perdió. Hay momentos en los que simplemente contemplo a mi hija como embobado. Mientras farfullo tonterías y un ocasional "tu papá te quiere mucho", pienso de pronto que nunca he sostenido en mis brazos algo más valioso. También pienso que nadie dijo que cuidar a un bebé fuera una tarea fácil. Cometo errores todos los días. No es que repita los errores, son nuevos cada vez.

Los que ya se han aventurado por este camino me dicen que me calme y que no sea demasiado exigente conmigo mismo. Todos hacemos errores, dicen.

Y con los niños, a menudo nunca se deja de hacerlos. La cuestión es aprender de esos errores. Pero, ¿será que algunos padres están aprendiendo la lección incorrecta? Recientemente, leí un artículo en el New York Times, que sugería que esta generación de padres está tan absorta en sí misma -especialmente si llegaron a ser padres tarde en la vida- que parece haber olvidado que la paternidad no se centra realmente en ellos. Algunos padres temen que sus recién nacidos estén tragándose su identidad. Por lo tanto, algunos padres novatos tratan de escribir una carta de navegación sobre el viaje de la paternidad como para definirlo a su manera. Algunos de estos padres han escrito libros al respecto. Según el artículo, unos 8.500 padres han lanzado sus propios blogs(1) (o Weblogs) para compartir la experiencia con el mundo -en tiempo real- cada vez que su
recién nacido necesita un cambio de pañales.

Mi esposa no lo comprende. Insiste en que prefiere usar su tiempo en otras cosas, como por ejemplo en cambiar realmente pañales, en lugar de escribir en el blog cuántos pañales está cambiando.

Lo que yo no entiendo es cómo se puede estar tan centrado en sí mismo como para creer realmente que los hijos pueden eclipsar a los padres. Por el contrario, los realzan. Los exhiben. Revelan al mundo el tipo de gente que son. Tal y como lo explica mi esposa, los hijos lo potencian a uno, confiriéndole una enorme responsabilidad -la de moldear a un ser humano para enseñarle a ver el mundo en cierta manera.

Tengo un largo camino por delante, ya lo sé. Pero ya he comprendido lo siguiente: el ser padre no es una actividad de tiempo parcial. Si uno quiere que sus hijos salgan bien, que traten a la gente bien, que sean respetados y que logren realizarse, hay que invertir el tiempo y esfuerzo requeridos para ser un buen padre. No hay atajos, ni perfectas transferencias a niñeras o abuelos. No todo el mundo está dispuesto a realizar esa tarea. Algunos no deberían ni probar. La evidencia de ello está por doquier, desde las noticias de la tarde a las prisiones y a una población de holgazanes que pasan por la veintena sin objetivos, propósito ni pasión. Échenles la culpa a las escuelas, la sociedad o a la cultura popular y la música rap, si lo desean. Pero la verdad es que el mundo en que viviremos mañana se está formando en la mesa, durante la cena de hoy.

Los padres no pueden darse el lujo de olvidar ese hecho. Como recordatorio, mi esposa y yo decidimos llamar a nuestra hija Jacqueline, por la primera dama Jacqueline Kennedy Onassis. Después de todo, fue ella la que señaló: "Si uno mete la pata al criar a sus hijos, el resto no importa demasiado en la vida".

Dio exactamente en el clavo.

<< Anterior | Siguiente >>

  enviar imprimir
interior 8px