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Hace años, Charles Barkley, superestrella del NBA, advirtió a los padres estadounidenses.

"No soy un modelo de comportamiento", declaró Barkley en un famoso aviso de televisión. "Que pueda meter una pelota en el cesto no quiere decir que deba educar a sus hijos".

Díselo, Sir Charles. Es una pena que la institución del gobierno nunca haya aprendido esa lección. Siempre está tramando maneras innovadoras y entrometidas de criar a los hijos de los demás.

Se oye hablar de funcionarios de gobierno que tienen "problemas de niñeras". Pero más preocupante es el Estado niñero.

Esta política pública tan errada tiene buenas intenciones. Los legisladores llegan a la conclusión de que hay algún tipo de azote causando estragos en la generación siguiente.

A continuación se convencen a sí mismos de que ocupan una posición única para salvar el día con leyes para hacer que todos se sientan bien. Después, antes de que uno se dé cuenta, surgen casos en que el gobierno actúa (BASTARDILLAS)in loco parentis(TERM.BAST.).

Por ejemplo, el gobernador de California Arnold Schwarzenegger firmó recientemente una ley que prohíbe la venta a menores de juegos de video que "describen heridas serias a seres humanos en una forma especialmente abyecta, atroz o cruel".

¿Lo han notado? La política puede ser surrealista. ¿Recuerdan las películas del "Terminator"? En su anterior encarnación como héroe de acción, Arnold era excepcionalmente diestro en infligir "heridas serias a seres humanos en una forma (que era) especialmente abyecta, atroz o cruel".

De todas maneras, California no está sola. Michigan acaba de aprobar una ley similar prohibiendo la venta de "juegos de video explícitos y ultra-violentos" a menores de 17 años. Illinois también tiene una ley en sus libros que prohíbe la venta o el alquiler a menores de juegos violentos o sexualmente explícitos. La mayor parte de la oposición ha provenido de, diremos, las partes interesadas.

Está la industria de los juegos de videos, que saca alrededor de 25.000 millones de dólares anuales en todo el mundo.

Y una entidad llamada Asociación para Software de Entretenimiento, que presentó una demanda tratando de bloquear la legislación en Michigan e Illinois. El grupo insiste en que esas leyes equivalen a censura y violan la Primera Enmienda.

En el ámbito de los alimentos chatarra, Schwarzenegger firmó recientemente una ley que impone la prohibición de máquinas de bebidas gaseosas en las escuelas secundarias, y otra
que establece estándares de grasas, azúcar y calorías para todos los alimentos vendidos en las escuelas públicas, excepto en los almuerzos de las cafeterías.

En las máquinas de venta de las escuelas, los dulces, papas fritas y bebidas gaseosas están a punto de ser retirados -y se está introduciendo el yogurt, el jugo y la leche. La legislación -que según dicen sus defensores ayudará a reducir la obesidad en niños y adolescentes- no entrará en efecto hasta 2007. Ese plazo da tiempo a las escuelas para reemplazar alimentos y renegociar los contratos de licencias con las compañías de bebidas, a menudo muy lucrativos.

La oposición a las leyes anti-comida-chatarra proviene de otro grupo de partes interesadas -los fabricantes de dulces, empresas de bebidas, incluso de la Cámara de Comercio, generalmente amiga de Schwarzenegger. Los opositores sostienen que la razón de la obesidad de niños y adolescentes va mucho más allá de lo que las escuelas pueden controlar.

Quizás sea verdad. Como también puede ser verdad que prohibir la venta de juegos de videos sea una violación de la libre expresión.

Pero hay un argumento mejor contra este tipo de leyes, y nadie parece estar exponiéndolo. El problema no es que haya gente que esté haciendo toneladas de dinero vendiendo violencia, caos y dulces a nuestros niños. Ése es el mercado. En la medida en que los niños compren esos productos, las compañías harán todo lo posible para hacer ventas.

Nuevamente, el problema son los padres. Muchos de los juegos de video que se venden en la actualidad llevan etiquetas que advierten acerca de su contenido violento, y sin embargo, los padres o bien hacen la vista gorda cuando sus hijos los compran, o van y compran los productos para ellos. En cuanto a la comida chatarra, si los padres insisten en darles caramelos y bebidas gaseosas a sus hijos en su casa, o les dejan ver cómo otros miembros de la familia los consumen, entonces es probable que los niños sientan la urgencia de comprarlos en la escuela.

Por supuesto, estarán los que dicen que la presión de los pares es más poderosa que el control paterno. Y sin duda, hay casos en que es cierto. Pero no debería serlo. Y no lo sería si los padres no estuvieran tan ansiosos por delegar el control que tienen.

Eso incluye ceder más poder al gobierno. Es tarea de los padres
apartar a sus hijos de lo que no es seguro, sano o agradable, y no deberían estar tan ansiosos en encargar a otros esa tarea.

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