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La reforma inmigratoria ha quedado hace tiempo suspendida. Ahora todos los indicios señalan que se convertirá en una prioridad de este segundo período.

Ya era hora. Han pasado casi dos años desde que el presidente Bush sugiriera, en enero de 2004, que el país necesitaba un programa de trabajadores invitados para conectar trabajadores extranjeros con empleadores estadounidenses, con el fin de que "hicieran trabajos que los estadounidenses no harán" -por lo menos, no por los jornales que los patrones estadounidenses acostumbran pagar.

Bush sugirió permitir que millones de inmigrantes ilegales soliciten una visa de trabajo de tres años (con una única extensión de otros tres años) antes de volver a su tierra de origen. Para aumentar la posibilidad de que los invitados se vayan antes de sobrepasar el tiempo de estadía establecido, Bush propuso crear cuentas de ahorro privadas 401 (k), a las que el trabajador sólo pueda tener acceso una vez que haya vuelto a su país.

Críticos del propio partido de Bush dijeron que eso era una "amnistía" y atacaron la idea -y al presidente por proponerla. La descarga hizo que la Casa Blanca se escondiera en lo concerniente al tema de la reforma inmigratoria. Los republicanos del Congreso se adelantaron, en forma oportunista, para llenar ese vacío proponiendo más de una docena de leyes, que iban de restrictivas, a reaccionarias y ridículas.

Ahora Bush parece estar listo para hacerse cargo del tema nuevamente, quizás con la esperanza de silenciar a los fanáticos opuestos a la inmigración ilegal del Partido Republicano, antes de que le den mala fama al conservadurismo. Karl Rove, estratega político de la Casa Blanca, ha estado reuniéndose calladamente con miembros de ambos partidos para compartir detalles de un plan de reforma inmigratoria apoyado por el gobierno, que pronto podría ser enviado al Congreso.

Para hacerse una idea de lo que el gobierno tiene en mente, es importante considerar no sólo lo que probablemente entre en el plan, sino también lo que probablemente quede fuera del mismo. Uno se encuentra así rápidamente con lo bueno, lo malo y lo lamentable.Lo bueno es que el presidente probablemente pida más agentes para la Patrulla de la Frontera y más gastos en tecnología para ayudar a los agentes a detectar a los ilegales. También
es positivo el hecho de que el plan probablemente incluya una multa alzada -quizás de 2.000 dólares- para los inmigrantes ilegales que ya están en el país, a fin de que se comprenda que esta gente ha cometido un delito y debe pagar indemnización.

Lo negativo es convertir cualquier plan para inmigrantes ilegales en un plan de "trabajadores invitados". La amnistía es una idea terrible que absuelve al individuo de la responsabilidad de tomar medidas para legalizar su categoría inmigratoria. Y los trabajadores convidados no son más que un subsidio glorificado para granjas, restaurantes, firmas de construcción y otras industrias acostumbradas a usar la mano de obra de inmigrantes ilegales -que generalmente conduce al abuso y explotación de los trabajadores. Eso se debe a que si los empleadores quisieran gastar dinero para crear las reformas que protegen los derechos de los trabajadores, ese hecho eliminaría el valor del subsidio.

Y lo lamentable es que algo que probablemente no veremos en el plan del presidente es alguna mención a imponer multas, procesar o castigar de otra manera a esos empleadores estadounidenses que no respetan la ley cuando contratan, a sabiendas, inmigrantes ilegales.

Si sigue ese camino, Bush habrá malgastado una valiosa oportunidad para llevar a cabo algo realmente significativo en el área de reforma inmigratoria.

Como expresé recientemente en una sala llena de agentes de la Patrulla de la Frontera, he aquí lo que el Congreso y la Casa Blanca deberían hacer: instituir una ley de tres oportunidades para todo aquel que contrate un inmigrante ilegal. Con el primer delito, se obtiene una advertencia.

La segunda vez, se recibe una multa de 25.000 dólares. La tercera vez, se impone una pena de 10 días en la cárcel. Aprueben la ley e impónganla -contra todos, desde granjeros a gerentes de hotel y madres suburbanas. Sin excepciones, y sin excusas. Nunca he oído a Bush mencionar a los individuos y las empresas que contratan inmigrantes ilegales, y lo que debería hacerse con ellos. Y no tengo motivo para sospechar que comenzará ahora. Presten atención a mis palabras: sea lo que sea que incluya en su plan, lo último que hará Bush es pedir una nueva ronda de sanciones para empleadores, o incluso la imposición de las sanciones ya existentes.

Una fuente dentro del gobierno concordó, y me dijo que no pensaba que el plan se referiría a sanciones para los empleadores.

Qué sorpresa. Después
de todo, éstas son las empresas que ayudan a pintar los estados de rojo, brindando grandes donaciones a las campañas políticas de los republicanos, incluyendo la del presidente.

Perseguirlas sería como morder la mano que alimenta manadas enteras de elefantes.

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