La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Los conservadores subrayan la unidad como justificación para las leyes de solamente-inglés y la prohibición de la acción afirmativa. Los liberales insisten en la importancia de la tolerancia y, por lo tanto, promueven la legislación contra los delitos de intolerancia y apoyan el matrimonio entre personas del mismo sexo. Bien, para fomentar ambas, la unidad y la tolerancia, y promover más armonía racial en Estados Unidos, me gustaría proponer que, tras las secuelas del Huracán Katrina, adoptemos una nueva regla: Desde ahora, cuando surja una acusación de racismo contra los negros, los blancos deben tratar de ser humildes y deferentes, y aceptar el hecho de que se encuentran en una pobre posición para juzgar hasta dónde tal racismo existe, ya que no se encuentran directamente afectados por el mismo de una u otra manera. Para ser justos, cuando el asunto se convierte en un caso de presunto racismo contra los blancos, los negros deberían comportarse de la misma manera. Es un concepto simple. Un grupo de hombres cambiándose en un vestuario deportivo probablemente no sea el más indicado para juzgar sobre la existencia del sexismo. Un grupo de no-judíos no está equipado para determinar si algo es anti-semita. Los heterosexuales probablemente no son los indicados para evaluar la homofobia. Y realmente no nos lleva a ningún sitio preguntar a los blancos si los negros están siendo discriminados racialmente, o están sufriendo alguna injusticia racial, aunque los blancos siempre parecen estar ansiosos por aventurar una opinión sobre el asunto. La ocasión más reciente se presenta mientras los estadounidenses luchan con lo que quizás sea la cuestión más espinosa que ha traído el Huracán Katrina, es decir, en qué medida la raza y la pobreza jugaron un papel en quién se salvó y quien fue dejado atrás, y cómo de rápido se prestó la ayuda. Nunca hubo ninguna esperanza de escapar a la cuestión racial, no importa lo ansiosos que estuvieran algunos estadounidenses por evitar el debate, ignorándolo o caracterizándolo en términos de pobreza en vez de raza. Eso no es posible en este país demasiado consciente de las diferencias raciales. No cuando un desastre natural arrasa una ciudad de Estados Unidos donde dos tercios de la población es afro-americana. No cuando aquellos criticados por una respuesta inadecuada incluyen a un presidente que, en su elección del año pasado, ganó justo un 11 por ciento del voto negro, lo que representó un incremento del patético 8 por ciento de cuatro años antes. Y no cuando gente como Kanye West, gran estrella de hip-hop, anda por ahí insistiendo en que "George Bush no se preocupa por la gente negra". Personalmente, yo creo que West está totalmente equivocado. Las pruebas sugieren que Bush se preocupa por toda clase de gente, ya sean negros, blancos, marrones o púrpura. He aquí un presidente que -en reforma educativa, política comercial, vivienda y justicia criminal- ha utilizado su puesto para ayudar a toda clase de gente a conseguir mayor acceso a los recursos y oportunidades, y a asegurar que sea tratada justamente y con la dignidad que le es debida. Pero ahora, lo que debe preocupar al gobierno es la percepción, entre algunos elementos de nuestra sociedad, de que, si el Huracán Katrina hubiera dejado sin hogar a cientos de miles de habitantes blancos, la reacción federal hubiera sido mucho más rápida y hubiera estado mucho menos afectada por la burocracia. La secretaria de Estado Condolezza Rice llama a esa clase de comentarios "venenosos". La primera dama Laura Bush los llama "vergonzosos". Ambas mujeres tienen razón. Pero ignorar acusaciones de tratamiento desigual e indiferencia burocrática hacia el sufrimiento humano no es lo mismo que encararlas. Bush tiene una buena línea de defensa, o mejor, una buena frase en su propia defensa. Insiste en que la tormenta "no discriminó" y así mismo no lo hará el esfuerzo federal de recuperación. Pero, frase buena o no, la gente negra no lo está creyendo. De acuerdo a una encuesta del Washington Post/ABC News, cuando se preguntó si la raza fue un factor para la lenta respuesta del gobierno federal, el 60 por ciento de los negros dijo "sí" y sólo el 37 por ciento dijo "no". Curiosamente, sin embargo, una cantidad de blancos sí lo cree. Cuando se preguntó lo mismo a los blancos, el 86 por ciento dijo que la raza (BASTARDILLAS)no(TERM.BAST.) fue un factor y solamente el 12 por ciento dijo que sí lo fue. Cuando se les preguntó si creían que los problemas con el auxilio a las víctimas del huracán eran o no una señal de una "desigualdad racial [más profunda] en este país", el 63 por ciento de los negros dijo que "sí" lo era, y el 73 por ciento de los blancos dijo que "no" lo era. Durante una década, aquellos que creen que negros y blancos ven el mundo de manera diferente han señalado a O.J. Ahora, señalan a Katrina. Esto no quiere decir que las opiniones de los blancos son irrelevantes. Es solamente para señalar lo obvio: que, dada la historia de las relaciones raciales en este país, el hecho de que los blancos se nieguen a reconocer que los negros son tratados injustamente no constituye exactamente noticia.
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