La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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En la campaña presidencial de 2000, George W. Bush ganó las importantísimas primarias de Oprah. Al Gore se había presentado en el programa de Oprah Winfrey pocos días antes que Bush, y Gore pareció rígido al no saludar a Oprah con un beso en la mejilla. Bush tuvo cuidado de no cometer el mismo error. Besó a la poderosa Oprah. Ahora, con una mayoría de estadounidenses cuya opinión ante los encuestadores es que la respuesta del gobierno al Huracán Katrina fue lenta e inadecuada -aun cuando la mayoría de ellos dice que no se puede culpar a nadie por el desastre en sí mismo- es indudable que el presidente Bush enfrenta el desafío político más duro de su presidencia. Es un desafío más difícil que el del 11/9, en el que Bush contaba al menos con el beneficio de poder agarrar al toro por las astas y canalizar la cólera de la nación a alguna fuerza externa, es decir "a la gente que derribó estos edificios". ¿Cómo se logra encolerizar a la gente contra un huracán que ha venido y se ha ido? La gente a lo largo de la Costa del Golfo está airada -pero no ante Katrina. Están enojados con el gobierno y la forma en que falló tan obviamente a los que se supone que tiene que proteger. Mientras Bush lucha por manejar las consecuencias de Katrina -tanto personal como políticamente- incluso sus defensores están diciendo que fracasó en forma lamentable.¿Y adivinen quién es una de las personas que está entregando los boletines de calificaciones? Es Oprah, que ha tomado la iniciativa de asistir a las víctimas de Katrina como una cruzada personal y quien -como los incontables estadounidenses que asisten voluntariamente en refugios,donando mantas y pañales y agua embotellada, y donando dinero en efectivo- podría enseñar a FEMA(1) un par de cosas sobre cómo obtener resultados en lugar de crear una burocracia. Mientras los burócratas de Baton Rouge y Washington estaban aun haciendo acusaciones, la celebridad de los medios despachó 33 camiones llenos de alimentos, agua y provisiones para ayudar a las víctimas de Katrina y reunió a su propia red de "ángeles" célebres -John Travolta, Nelly Preston, Lisa Marie Presley, Julia Roberts- para que hicieran otro tanto, o para que se presentaran, simplemente, en los refugios y prestaran apoyo moral a la gente que pensó que había sido abandonada. Winfrey pasó la semana pasada trasmitiendo desde la zona afectada -y lanzando granadas al gobierno. Mientras hablaba con una joven en Mississippi que había perdido todo -frase que uno oye repetidamente en esta tragedia- Winfrey le preguntó: "¿Sientes que te han abandonado?" La joven respondió que, sí, que en realidad así se sentía. Winfrey le dijo que no estaba sola y que ella había entrevistado a mucha gente que se hacía una simple e inquietante pregunta: "¿Dónde está nuestro gobierno?" Casi puedo oír lo que queda de la tasa de aprobación de Bush golpeando el suelo. Esto se debe a que, más que los recortes fiscales o la reforma educativa o los créditos para las medicinas bajo receta, éste es el propósito de los presidentes. Hacerse cargo de las cosas en momentos de crisis. Ofrecer comprensión y aliento a los que están sufriendo. Proteger la vida de su gente. No acusar a otros ni permitir que sus subalternos lo hagan. Asegurarse, como lo hizo Harry Truman, de asumir la responsabilidad. Los presidentes actúan en forma decidida y firme, enviando los recursos necesarios tan rápidamente como se necesiten y despidiendo a todo aquel burócrata incompetente que merezca ser despedido. No demasiado tarde, como parece preferirlo el presidente, cuando el foco de los medios se ha atenuado -sino ahora, cuando importa, cuando tiene la oportunidad de deshacerse de gente como Michael Brown, Director de FEMA, y Michael Chertoff, secretario de Seguridad del Territorio, que no parecen saber lo que están haciendo ni cómo responder a las críticas, y colocar a gente que sepa mejor qué hacer. Seguramente debe haber algún general de cuatro estrellas en Irak ansioso por un cambio de paisaje. Si comenzara a entregar boletas de despido,Bush enviaría el mensaje de que su gobierno sabe cómo admitir los errores y corregirlos, si no en el Golfo Pérsico, al menos en la Costa del Golfo. Regla no.1: La gente viene antes que la política. Oprah Winfrey -e innumerables voluntarios, filántropos y humanitarios en todo el país-comprenden eso. Pero casi dos semanas después de que Katrina comenzó su azote, no está aun claro si Bush lo entiende.
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