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Por Rubén Navarrette Corresponsal de La Voz Los funcionarios mexicanos insisten en que todo acuerdo de inmigración con Estados Unidos debe reconocer las contribuciones que hacen los inmigrantes mexicanos a la economía estadounidense. Miren quiénes hablan. En general, las élites mexicanas y el partido político que controlan -el anteriormente invencible Partido Revolucionario Institucional, o PRI- son todavía demasiado orgullosas para reconocer las contribuciones que estos inmigrantes hacen a la economía (BASTARDILLAS)mexicana(TERM.BAST). El año pasado, los mexicanos de Estados Unidos enviaron a casa unos 14.000 millones de dólares. A los funcionarios mexicanos les gusta el hecho de que el dinero(1) esté entrando en México. Sin embargo, les avergüenza que algunos de los ciudadanos más valientes y trabajadores de México tengan que viajar cientos de millas hacia el norte para alimentar a sus familias. El presidente de México, Vicente Fox, que viene del partido de oposición llamado Partido de Acción Nacional, ha constituido un soplo de aire fresco. Se encontró con residentes mexicanos en ciudades estadounidenses desde Fénix a Minneapolis y llamó repetidamente a estos inmigrantes "héroes" por sus contribuciones en ambos lados de la frontera. Sin embargo, por ley, Fox sólo puede desempeñarse durante un período de seis años. No esperen oír esa franqueza, si el próximo presidente es Arturo Montiel Rojas, gobernador del estado de México y uno de los integrantes de la lista de posibles candidatos del PRI. Durante una reciente visita a Texas para alabar su estado, alentar las inversiones extranjeras y elevar su propio perfil, Montiel se encontró con reporteros y editores del Dallas Morning News y del diario en español del News, Al Día. La reunión duró sólo una hora, pero fue tiempo suficiente para que Montiel dejara frío a su público. Quizás le hubiera ido mejor en la reunión si no hubiera habido un puñado de periodistas mexicano-americanos, que desafiaron repetidamente su perspectiva sobre los inmigrantes mexicanos. Las cosas empezaron a ponerse interesantes cuando le pedí a Montiel que estimara el impacto que han tenido los envíos de dinero de Estados Unidos en su estado, que rodea a la Ciudad de México, y en los que allí viven. Hablando mediante un intérprete, Montiel reconoció que el dinero contribuye en forma significativa a la economía de muchas familias mexicanas. La gente usa esos fondos para remodelar su casa o construir casas nuevas, dijo. Los que viven en zonas de turismo pueden abrir pequeños hoteles u otros negocios. Eso beneficia a toda la familia, dijo. Después, el editor en jefe de Al Día, preguntó a Montiel si apoyaba una propuesta que brindara a los mexicanos en Estados Unidos el derecho a votar en las elecciones presidenciales de México de 2006. Montiel dijo que se oponía a la propuesta, desechándola como algo "no conveniente" en este momento. Expresó su preocupación sobre el costo y el aspecto práctico y preguntó cómo podría México controlar el proceso de la votación en otro país. Después criticó severamente a funcionarios mexicanos que, expresó, elevaron las expectativas de los expatriados prometiéndoles el derecho al voto. He aquí la historia subyacente: La respuesta tenía mucho que ver con el hecho de que bajo una propuesta tal, es muy probable que el partido político de Montiel pierda, dado que muchos mexicanos que viven en Estados Unidos pueden considerarse como refugiados de las políticas del PRI. Después, el editor formuló la pregunta lógica ante esa respuesta: "¿No es injusto que los mexicanos residentes en Estados Unidos bombeen tanto dinero a la economía mexicana y, sin embargo, no tengan incidencia en la manera en que se gobierne el país?" Montiel se enterró aún más. Sugirió que los mexicanos que quieran participar en el proceso electoral mexicano deberían volver a México. Además, dijo, el dinero enviado a México estaba yendo a manos privadas, no al cofre público. Los mexicanos no están enviando dinero para construir escuelas o carreteras. En realidad, gobernador, eso es exactamente lo que está sucediendo. En primer lugar, en todo Estados Unidos, existen asociaciones de vecinos formadas por mexicanos que envían dinero para mantener proyectos de trabajos públicos en ciudades y pueblos de todo México. Estos grupos financian de todo, desde carreteras, puentes, parques, iglesias y escuelas hasta centros de asistencia médica y deportivos, y hogares de convalecencia para los ancianos. Pero aún si todo eso no estuviera teniendo lugar, no hay forma de separar el dinero privado del público. Los mexicanos que reciben dinero de Estados Unidos lo gastan en la plaza pública, en alimentos, vestido, y arreglos para el hogar. Es necio insistir en lo contrario. Todo la conversación me recordó las enormes diferencias que aun existen entre las élites mexicanas que viven en México y los náufragos que viven en este país. Y, francamente, agradecí que Estados Unidos terminara con éstos últimos y no con los otros.
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