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Por ser hijo de un policía jubilado, me crié rodeado de policías. Por eso cuando recibí una llamada en la que me ofrecían hacer una visita privada al Sector de San Diego de la Patrulla de la Frontera de Estados Unidos y recibir una sesión informativa sobre sus operaciones, me apresuré a aceptarla.

Sé lo que algunos de ustedes están pensando-que la Patrulla de la Frontera y yo no estamos exactamente de acuerdo en el asunto de la inmigración ilegal. Pues si piensan eso, están equivocados.

Es verdad que yo he criticado una serie de ideas mal concebidas para combatir la inmigración ilegal. Y, por ello, algunos lectores me han acusado de "aprobar" la práctica. Al menos, me gustaría creer que esa es la causa por la que lo hacen y no porque, digamos, mi apellido es hispano-y el hecho de que la mayoría de los inmigrantes ilegales provengan de Latinoamérica.

Pero nunca he dejado de insistir en que Estados Unidos tiene el derecho de proteger sus fronteras. Y siempre he tenido respeto por los agentes de la Patrulla de la Frontera que llevan a cabo su misión.

Uy. Olviden que usé el término "misión". Ése es el principal motivo por el que el personal se agota y abandona la tarea, me dijo un agente. En la Patrulla de la Frontera hay muchos agentes que sirvieron en las fuerzas armadas y que fueron entrenados para completar su misión. Pero esta misión no puede completarse. Nunca se llegará a sellar la frontera, dijo el agente, porque Washington quiere tenerla abierta.

Fue una frase que escuché el día entero, que nuestra política inmigratoria es caótica, porque los ricos y poderosos se benefician del caos. La Patrulla de la Frontera es quizás la única entidad de seguridad del país responsable por hacer cumplir leyes que muchos estadounidenses no quieren que se cumplan. Al menos, eso parece desde un helicóptero de la Patrulla, 500 pies por encima de la frontera americano-mexicana. El sector de San Diego es responsable de una extensión de 66 millas.

Desde el aire, con México de un lado y Estados Unidos del otro, se ven las cosas más raras. En Tijuana, hay hermosas casas de dos pisos con cuidados jardines, en donde la muralla de seguridad de Estados Unidos es, al mismo tiempo, el cerco posterior del dueño de la casa. Más lejos, hay un grupo de hombres
acampando en la maleza, esperando que caiga la noche para tratar de cruzar a Estados Unidos. Cuando nos acercamos al extremo este de la línea del cerco, la zona más alejada de los cuarteles generales de la Patrulla de la Frontera,mencioné al piloto que si yo fuera a cruzar lo haría en ese punto. Se sonrió señalando lo que esperaba a los potenciales transgresores del lado estadounidense-un paso de montaña que, dijo, se tarda tres o cuatro días en atravesar a pie, si se sobrevive los elementos y los pumas.

Está bien, pensándolo otra vez, quizás sería mejor cruzar cerca de la civilización y correr el riesgo de la Patrulla de la Frontera.

Qué obvio debe ser para los mexicanos que piensan entrar en Estados Unidos. He aquí dos países con una enorme disparidad económica, uno junto al otro, donde un empleo que paga 3 dólares al día en un país, paga 60 en el otro. Y lo único que se interpone es una endeble barrera. Naturalmente, los inmigrantes van a cruzarla.

Por supuesto, una vez que lo han hecho, tendrán que evitar a una serie de agentes de la Patrulla de la Frontera decididos y bien entrenados-equipados con vehículos para todo terreno, helicópteros, bicicletas, anteojos y telescopios para ver de noche, caballos, sensores de movimiento, barcos, pistolas para motines con perdigones de pimienta, perros, e incluso una división vestida de civil para trabajar en zonas urbanas.

Y sin embargo, todos esos juguetes no son suficientes para parar el flujo de desposeídos, desesperados por lo que tienen los que poseen.

Según un agente veterano, la mejor estrategia es la disuasión. Hay que reducir el número de gente que entra en el sistema agregando personal y construyendo más cercos. "Es una cuestión de número", dijo. "Y es un juego que nunca ganaremos si no disuadimos la entrada".

Otro agente expresa que no se puede hacer cumplir la ley sólo en la frontera. Tal y como están las cosas ahora, cuanto más uno se aleja de la frontera, más suave es el castigo. Tiene que haber una acción mucho más agresiva dirigida a los empleadores, dice. Olvídense de las multas. Cierren sus negocios, expresa el agente.

Un supervisor coincide con esa opinión, pero sugiere también algo más ambicioso-que Estados Unidos incentive las inversiones económicas y la creación de puestos de trabajo en los 10 estados más pobres de México, los mismos 10
estados que mandan la mayor parte de su gente al norte. En esa forma tendrían oportunidades en su lugar de origen y no vendrían a Estados Unidos.

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