La Voz Hispanic News - Latino newspaper for Washington and Oregon - Periodico Hispano
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Para el presidente Antonio Saca, de El Salvador, el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica es pan comido. Lo considera como una propuesta con la que sólo se puede ganar y -por esa razón- probablemente no comprenda la razón por la que es necesario convencer al pueblo estadounidense de sus ventajas. Sin embargo, la oposición a este acuerdo, que se firmó hace un año pero aun debe ser aprobado por el Congreso, se ha vuelto tan intensa, que las probabilidades de que se apruebe no parecen ser muy buenas. Están los sospechosos habituales, entre los que se encuentran el lobby del medio ambiente y los sindicatos, inquietos por la brecha salarial entre los trabajadores estadounidenses y los de Centroamérica. Esta vez se les ha unido además, el lobby azucarero, al que le preocupa la competencia. También hay grupos de derechos humanos, que insisten en que el tratado comercial beneficiará -tanto en Estados Unidos como en Centroamérica- a los ricos y no hará nada para mejorar la condición de los pobres. Los mismos grupos se opusieron al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, hace 10 años y, probablemente, nunca hubo posibilidades de que apoyaran CAFTA. Y sin embargo, esta vez, hay también un comodín -a saber, los estadounidenses que apoyaron NAFTA, pero que ahora están arrepentidos porque piensan que el tratado comercial no respondió a las expectativas que de él se tenían. Ése es el grupo de detractores que más debería preocupar a los defensores de CAFTA, incluyendo al gobierno de Bush y a la Cámara de Comercio Estadounidense. Quizás sea ésa la razón por la que el gobierno parece estar eliminando toda demora para que el Congreso ratifique el tratado lo antes posible. Entre esas medidas está la de importar a media docena de jefes de estado, con el fin de que presionen personalmente para que se apruebe el tratado. Y es así como los presidentes de El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Costa Rica y República Dominicana se encontraron recorriendo Estados Unidos la semana pasada, cantando loas a CAFTA. La banda de presidentes se reunió con miembros del Congreso en sus distritos de origen, con juntas editoriales de periódicos, y grupos y líderes empresariales de ambos partidos antes de llegar a Washington para una reunión privada con el presidente Bush. Ha sido un trato real -y dirigido a una región del mundo que sólo figura en las noticias cuando las cosas van mal, como cuando Centroamérica se convirtió en una extensión de la Guerra Fría durante el gobierno de Reagan. Parece que los años de Reagan nunca desaparecen de la mente de Saca. "Siempre es importante recordar de dónde venimos", expresó ante la junta editorial del San Diego Union-Tribune. "Después de todos los conflictos y guerras en Centroamérica, hoy vivimos en paz y democracia". Saca insistió en que el comercio, los empleos y otras oportunidades económicas son esenciales para que la región continúe en ese sendero recto y estrecho políticamente. Los defensores de CAFTA se han apoderado de esa frase, afirmando que el tratado tiene un doble beneficio -que además de abrir más mercados a las mercancías estadounidenses al eliminar los aranceles de las exportaciones estadounidenses, también ayudará a promover la libertad y la democracia en el hemisferio. En realidad, el presidente Bush dijo lo mismo cuando recibió a los presidentes centroamericanos en la Casa Blanca. Es un gran peso para colocar en los hombros de un tratado comercial, y podría ayudar a ilustrar la razón por la que CAFTA no ha prendido demasiado todavía: sus defensores están exagerando la manera de presentarlo. Según Saca, CAFTA permitirá que los países de Centroamérica expandan sus exportaciones, incluyendo la exportación de productos familiares a los 2,5 millones de salvadoreños que viven en Estados Unidos. Servirá como una "vacuna contra China" al crear suficientes oportunidades nuevas en Centroamérica para aminorar el éxodo de empleos a China. Y reducirá la inmigración al crear suficiente prosperidad en Centroamérica como para que la gente no quiera "venir en masa a Estados Unidos". Ah, ¿y eso es todo? Miren, los defensores de CAFTA pueden tener razón en cuanto a las ventajas económicas y políticas del tratado. Pero al intentar venderlo tan enérgicamente y pintarlo como una panacea, sólo están creando más cínicos y estropeando sus posibilidades de conseguirlo. El debate sobre el comercio no es blanco y negro. Uno debería poder apoyar los principios de alentar el comercio a través de fronteras internacionales y aún formular preguntas sobre tratados específicos. Con CAFTA, hay aun muchas preguntas. Más vale que el gobierno afloje un poco la promoción del acuerdo y presente algunas respuestas convincentes.
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