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Posted on 10/16/2006 11:55 AM EST
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Aquà entre nos....
Conciencia, el antÃdoto contra “borrachos y mendigosâ€
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Aldo Barbosa
Conciencia, el antÃdoto contra “borrachos y mendigosâ€
La mayorÃa de las grandes ciudades del paÃs, gozan de privilegios turÃsticos, históricos y culturales, que les da un toque propio y sinnigual frente al resto de las grandes capitales del mundo. Nueva York: la capital del mundo; Las vegas: la rueda de la fortuna; Houston: la ciudad espacial.
En la gran mayorÃa de estas urbes, confluyen fenómenos variados como la migración, el crimen, el robo y hasta la venta y el consumo de drogas. Pero, sin duda uno de los más recurrentes y perjudiciales para el desarrollo social, es el de la mendicidad que se extiende principalmente en algunas ciudades de los estados de: California, Florida, Arizona y Texas.
Algunos analistas, señalan que este fenómeno simplemente responde a la falta de oportunidades, a la migración hispana y al desequilibrio social; sin embargo tenemos que ir más allá de esta lapidaria realidad.
Si observamos las imágenes captadas por este reportero, la mayorÃa de imágenes corresponden a grupos étnicos distintos a los latinoamericanos, el porcentaje más alto corresponde a los afroamericanos y otro en menor escala a los anglosajones.
Es cierto que la migración, es una variante sustancial frente a las necesidades de servicios públicos o de infraestructura social; pero no es menos cierto que los miles de latinos también hacen parte de una integración al mercado laboral, que requiere de su aporte. Lo justo es que los millones de dólares que se generan a partir de los impuestos y del consumo también se reviertan en beneficios: sociales, económicos y de salud.
Para tener ciudades limpias y despejadas, es necesario construir una sociedad mas justa y equitativa, con mayores oportunidades; pero también afianzada en la conciencia de los gobernantes de que sin privar de los derechos fundamentales a sus residentes, se deben erradicar o construir albergues, alejados de las zonas turÃsticas o centrales de una comunidad. Para la muestra,tenemos una ciudad pequeña y muy acogedora, llamada “La puerta del viejo Oesteâ€. Se trata de Fort Worth, ubicada al norte de Texas y muy cerca de Dallas; convertida según los estudios en una de las diez mejores ciudades del paÃs. Es según las estadÃsticas, uno de los mejores “vivideros†de los Estados Unidos.
Mientras tanto, otras ciudades como: Los Ãngeles, Atlanta, Sacramento, Phoenix y Miami, están siendo azotadas por “mendigos†y “borrachos†expulsados de otras sociedades, que por la fuerza legislativa no pueden deambular por los bulevares o calles municipales.
Ojala que las restricciones jurÃdicas y legales permitan algún dÃa desechar esta “peste modernaâ€, que algún dÃa comenzó como un drama social y en la actualidad es un problema de seguridad y de salud mental, que escapa a las administraciones municipales.
No estoy diciendo que nuestras calles se están copando de delincuentes, pero si de: vagosâ€, alcohólicos, prostitutas y drogadictos que “afean’ las calles, dan mal ejemplo a las nuevas generaciones y rompen con la armonÃa en que convivimos.
SerÃa erróneo asumir que todo el que cae en ese sector de población es un antisocial. Muchos de los indigentes son simplemente personas desadaptadas, que han perdido hasta los más elementales medios de subsistencia.
La indigencia populosa en diversas ciudades es un complejo problema social, que todavÃa espera las adecuadas respuestas institucionales y gubernamentales.
Esa complejidad traza lÃmites a lo que puede hacer la policÃa. Penalizar la marginalidad involuntaria es inmoral, dicen acertadamente algunos crÃticos de las estrategias a seguir. En el mejor de los casos, cuando la policÃa despeja una zona de indigentes, estos se dispersan hacia otras zonas. Es un poco como barrer y meter la basura bajo la alfombra.
Pero el control y represión de conductas antisociales como vandalismo, mendicidad agresiva, grafito, prostitución, narcotráfico callejero, inhibe otras formas de delincuencia más dañinas, y lleva a los vecindarios y zonas comerciales o de recreación, un sentido de seguridad y orden.
Y eso naturalmente mejora la calidad de vida en los sectores correspondientes y estimula las actividades comerciales lÃcitas.
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